Muchas de las costumbres culinarias del Reino de Aragón y particularmente de Cataluña, se incorporan a la cocina castellana y ocupan un lugar importante en la misma, no solo por otras preparaciones, ya que hay multitud de productos que proceden de estas zonas del mediterráneo y son de consumo habitual en el resto de España sobre todo el azúcar y los dulces, y aquí tenemos que hacer un apartado especial, porque dentro del reino de Aragón, y en el resto de la península, Valencia era la gran proveedora de dulces, sobre todo a los Reyes Católicos.

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Como ejemplo tenemos la orden de pago que dan los reyes para que envíen a Calatayud el 19 Abril de 1481:

  • 65 libras de citronat
  • 35 libras de piyonada blanca y rosa
  • 36 mazapanes en 36 cajas
  • 30 potes de conservas de diversas confecciones
  • 8 libras de hostias doradas, confites menudos, avellanas, amecles, piñones, etc.

Y el 30 de Mayo de 1482 para enviar a Córdoba:

  • 24 cajas de carne de membrillo
  • 48 potes de conservas
  • 2º libras de conserva rosada
  • dos ollas de melrosada
  • 20 libras ce citronat
  • 10 de calabaçat
  • 24 panes de azúcar.

De nuevo el 19 de Diciembre de 1482, se paga a Fernando del Pozo, traginero de Castilla, por llevar de Valencia a Madrid con una acémila suya una carga con:

  • 2 cajas con 24 mazapanes
  • 30 libras de citronat
  • 24 cajas de carne de membrillo y otras cosas.

En años sucesivos continúan los pedidos a los azucareros de Valencia, confites, mazapanes, conservas de membrillos, de peras, de manzanas, de limones, citronat, calabaçat, membrillo candit, confites de almendras y avellanas y hasta agua rosada y almezclada. No cabe duda de que los reyes eran golosos y que los proveedores más importantes de dulces eran los azucareros valencianos, como también ratifica Rafael Domínguez Casas:

“El confitero valenciano Jaume Bonança se convierte en el principal proveedor de repostería del Rey Fernando V de Castilla, Príncipe heredero de Aragón y esposo de la Reina Doña Isabel. La historiadora Guiral-Hadzüossif recoge en su estudio un lujoso envío de este confitero al Monarca, que entonces se encuentra en Madrid, en abril de 1477, consistente en pastas de almendras hechas con azúcar fino, "estampadas con las armas de Castilla y Aragón, decoradas de flores y de hojas de plata". Especialmente apreciados son los confites de anís y de cilantro. Se enriquecen las mermeladas buscando nuevas fórmulas, consistentes en la mezcla de manzanas, peras y clementinas; manzanas, peras y dátiles; o membrillo para mejorar su gusto se aderezan con cáscara de limón. Estando la Corte en Sevilla en 1.490. Don Fernando recibe una remesa de "bizcochos de azúcar" y de panes de azúcar, de canela y de jengibre. Jaume Bonança vuelve a enviar confites y especias desde Valencia a Medina del Campo en octubre de 1497. Un nuevo envío de confites parte de Valencia con destino a Granada en 1498. Durante la estancia en Toledo de los Duques de Borgoña Felipe el Hermoso y Juana, en junio de 1502. llega una remesa de confites valencianos a la Corte de los Reyes También se reciben dulces en Medina del Campo en 1504, cuando la grave enfermedad de la Reina Católica está entrando en su desenlace final.”

“Desde 1506 el valenciano Bertomeu Blanch sustituye a Jaume Bonança como principal proveedor de postres de Fernando el Católico. En tal calidad envía a la Corte en enero de 1515 cabello de ángel, dátiles, terrones de membrillo cubiertos de azúcar, pieles de ponciles, de manzanas, de peras, de limones y de calabaza.”

Comer con Isabel de Castilla - Valladolid 2004